Por Fonseca.R
Rendirse es fácil. Tan fácil que muchos lo hacen incluso antes de empezar. Algunos se rinden con entusiasmo y con argumentos. "Ah, esto no es para mí", "No nací para esto", "Ya lo intenté una vez y no funcionó". Sí, claro. Yo también intenté silbar y chupar caña de azúcar. No pude. Y eso no me hizo abandonar el cultivo de la caña de azúcar.
El problema de rendirse es que tiene cierto consuelo. Uno se rinde y listo, se acaba la frustración. El riesgo de fracaso desaparece. Pero cuidado: junto con el fracaso, también se va el éxito. Y peor aún, se esfuma la posibilidad de descubrir de qué estás hecho. Porque, créeme, nadie se conoce realmente a sí mismo hasta que intenta construir un castillo con dos manos, tres piedras y un montón de gente diciéndole que se va a derrumbar.
La perseverancia, como ves, es casi un deporte extremo. Implica sudor, agotamiento y el riesgo constante de que todo salga mal. Pero también implica el derecho a soñar. Incluso cuando todo parece una pesadilla.
La vida, como bien sabemos, no es un anuncio de margarina. Es más bien como un café fuerte y sin azúcar, servido a las siete de la mañana por alguien a quien no le caes muy bien. Y en este escenario, los que sobreviven son los que perseveran. Los que se despiertan, beben el café amargo, se sacuden el polvo (que es mucho) y siguen adelante.
Por supuesto, siempre habrá algún "experto" que diga: "Ríndete, esto no va a funcionar". A menudo es la misma persona que nunca ha intentado nada en la vida y, por lo tanto, se cree con la autoridad para enseñar a fracasar. Otros aconsejarán cautela, prudencia, moderación. Sinónimos elegantes de "no hacer nada". Rendirse, por cierto, es el pasatiempo favorito de quienes nunca se han esforzado por nada.
Pero la verdad es que, en medio del viaje, siempre hay un momento en que parece que todo se va a derrumbar. Es entonces cuando pensamos: "¿Por qué continuar? Y precisamente ahí es donde debes continuar. Porque tal vez, solo tal vez, el éxito esté a la vuelta de la esquina. Y si te detienes ahora, nunca lo sabrás. Siempre te quedará esa sensación de "¿y si...?". Y ese "¿y si...?" es un fantasma que adora visitar el insomnio.
La perseverancia es un arte. No se trata solo de insistir. Se trata de creer. Incluso cuando el espejo dice "estás cansado", incluso cuando tu cuenta bancaria grita "¡ríndete!", incluso cuando el mundo parece preferir que fracases, tal vez solo por diversión.
Y al final, aunque no funcione (porque sí, a veces no funciona), vale la pena intentarlo. Porque al menos lo intentaste. Porque tu lucha puede servir de ejemplo para alguien que estaba a punto de rendirse. Porque el mundo ya está lleno de gente que no hizo nada, y no necesita a otra más.
Así que, la próxima vez que pienses en rendirte, recuerda: si fuera fácil, ya sería un tutorial de YouTube. Un buen sueño es aquel que requiere esfuerzo. Y si requiere esfuerzo, es gratificante.
¿Rendirse? Solo si se trata de rendirse.
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